La sumillería: oficio y pasión

Definitivamente la sumillería está lejos de ser un oficio sencillo. Hay que tener los sentidos muy desarrollados para comprender todo lo que un vino tiene para decir.
 
Es un oficio porque se aprende haciendo. Los sentidos se entrenan y el sumiller aprende oliendo. Uno de mis maestros en la escuela de sumilleres decía que “el olfato es el sentido con más memoria”, y creo que había mucha razón en sus palabras. Los olores tienen el poder de hacernos viajar en el tiempo, revivir momentos. Los olores son recuerdos.
 
Cierro los ojos y vuelvo a vivir lo que guarda mi memoria: el aroma las frutas tropicales en su punto perfecto de madurez; el café mientras se tostaba y molía en casa de mi abuela paterna, las especias en el chocolate que bebíamos en casa y que había sido cultivado, tostado y molido por amorosas manos de mi abuela materna.
 
Recuerdos de mi infancia, una etapa que despertó mis sentidos. Sin saberlo, desde niña, mi nariz se entrenaba. Estaba en el camino, que más adelante, revelaría mi verdadera pasión.

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